Berlín es quizás una de las ciudades del mundo que en un siglo le ha tocado vivir hechos históricos que le ha obligado a evolucionar y cambiar de forma tan rápida e inesperada. Y no es para menos, en 100 años ha vivido dos guerras mundiales, una invasión por cuatro países distintos, así como una división física e ideológica que marcó definitivamente su historia más reciente.

Hoy en día los berlineses parecieran llevar siempre consigo el símbolo de la paz. El simple hecho de caminar por sus calles se percibe una energía de “buen rollo” y armonía indescriptible. Y a pesar de que aún existen muchas construcciones que recuerdan los acontecimientos más terribles de Berlín en el siglo XX, sus habitantes parecen no guardarle rencor a esos lugares y más bien los han convertido en espacios que evocan precisamente lo contrario a lo que fueron en el pasado.

Uno de los mejores ejemplos es el Aeropuerto Berlín – Tempelhof. En 1923 fue considerado oficialmente un aeropuerto que tres años después se convirtió en la base de la recién estrenada compañía aérea Lufthansa. En poco tiempo se convirtió en uno de los aeropuertos con mayor tráfico del mundo en un edificio además que hasta entonces era el más grande del mundo, luego fue construido el Pentágono que lo superó en tamaño.

Llegó la Segunda Guerra Mundial y tras la división de Berlín en cuatro zonas controladas por la Unión Soviética, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos el aeropuerto quedó en manos del ejercito norteamericano en julio de 1945. Luego en 1948 fue protagonista del Puente Aéreo tras el bloqueo terrestre y fluvial de los soviéticos hacia Berlín Oeste. Durante poco más de un año se llegaron a realizar 1.400 vuelos diarios para proveer de alimentos a todos los berlineses. Oeste.

Tras la caída del muro de Berlín tuvo un uso comercial reducido, pero con la reunificación alemana inmediatamente se empezó a considerar su cierre debido a las pérdidas millonarias que generaban. A pesar de estar en una ubicación muy céntrica, ese mismo privilegio le impedía crecer más y poder tener vuelos transoceánicos que hiciera rentable el aeródromo.

Hace apenas un par de años, en mayo de 2010, lo que representó el horror nazi y la división alemana se convirtió en el parque público más grande de Berlín con el nombre de Tempelhofer Feld, donde se realizan ferias y eventos de diversa índole: el Bread & Butter, los festivales de música de Berlín y Popkomm, la Campus Party Europe 2 y próximamente en 2017 se celebrará la exhibición mundial de horticultura IGA 2017.

Recientemente estuve en Berlín y en mi visita al aeropuerto se celebraba un festival de cometas gigantes. A pesar del viento otoñal que soplaba no era excusa para que cientas de familias se reunieran allí para disfrutar una tarde de sábado con música, comida y mucho colorido flotando en el cielo.

La escena parecía el final feliz de una película bélica. Lo que un día representó el horror nazi hoy en día es sólo el vuelo libre de decenas de cometas.

Berlín es una ciudad de gran tamaño por lo que es importante tener en cuenta la ubicación en la que te vayas a alojar. Una de las opciones más económicas puede ser alquilar un apartamento cerca de la Puerta de Brandenburgo con Oh-Berlin.

Por Eddy Lara Brito

Más información:
Tempelhoferfreiheit.de    


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Eddy Lara Brito

Periodista. Evangelizador de la slow life. Viajero compulsivo. Con un ojo en Barcelona y el otro en el resto del mundo. Curioso de Internet, el cine y las nuevas tecnologías. Actualmente trabaja para la Interface Tourism Spain, agencia de comunicación y marketing de destinos, creando campañas para mostrar lo mejor de todos los rincones del planeta. Colabora con el proyecto MyVuelingCity.com. Además, es co-fundador y organizador del TravelBloggers Meeting, el encuentro de blogueros de viaje y turismo más importante de España.

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