El fin de semana pasado estuve en Rosario. Esta ciudad está 298 km hacia el noroeste de Buenos Aires, en la provincia de Santa Fe.

Es cuna de figuras destacadas, como el Che Guevara, “el negro” Olmedo, Fontanarrosa, Raúl Lavié, Litto Nebbia,  Juan Carlos Baglietto, Fito Paez y Lionel Messi, entre tantas otras.

Me pasa a buscar por el hotel una buena amiga oriunda de la ciudad, Elisa Nievas (lleva adelante dos bitácoras de viajes, Elisa Serendipity en castellano y Elisa Origami en francés).  Apenas comenzamos el recorrido me comenta que casi todos los meses viene a Buenos Aires, pero que por nada del mundo dejaría su ciudad. Al finalizar  mi viaje, comprendí la razón.

Dicen que Buenos Aires es la ciudad más europea de Latinoamérica. Pero Rosario lo es tanto, o más. Me llamó la atención la cantidad de edificios con estilos llegados del viejo continente y que exhibían un admirable trabajo de restauración. Si bien en la capital porteña hay muchísimos, encuentro dos diferencias. Por un lado, en Buenos Aires no hay tantos que lleguen a ese estado de conservación. En cambio, las construcciones de fines del siglo XIX y principios del XX de Rosario están impecables, como nuevas.

Por otro lado, ese tipo de espacios son ocupados en Baires por particulares, o por entidades no comerciales (gubernamentales o museos, por ejemplo). En Rosario podés encontrar desde una óptica, hasta una escuela de inglés, oficinas de cobertura médica o centros de estética.

Además, me quedé fascinado con el movimiento que había en todos lados. Cada rincón está pensado a la perfección.

A continuación, mis Cinco inolvidables de Rosario:

1-      Atardecer en el Monumento a la Bandera

En este lugar fue donde se enarboló por primera vez la bandera argentina, en el año 1812. Es un gran complejo formado por una torre de 70 metros de altura, un propileo y un conjunto de esculturas de Lola Mora, en un pasaje que conecta este espacio con la Plaza 25 de Mayo.

Apenas llegamos nos encontramos con una orquesta y mucha gente presenciando el espectáculo. Si le sumo el color increible del cielo mientras se despedía la tarde y se asomaba la noche, el rio enmarcando la escena … me quedo sin palabras. Así estaba yo. Observaba todo, sonreía mientras subia la escalinata.  Le agradecía internamente a Elisa por haberme llevado. El momento era perfecto.

Como si todo esto fuera poco, lentamente el monumento iba iluminándose con los colores de la bandera. Entonces, notaba detalles que a la luz del día no habia visto. Estar ahí a las 4 PM y a las 9 PM, son dos experiencias diferentes. Tan distintas como el día y la noche, justamente.

2-      Boulevard Oroño

Es una de las vías más importantes de la ciudad, que va cambiando su fisonomía a medida que avanza de norte a sur, desde la costanera hasta el límite del municipio. En su tramo más céntrico, está rodeada de casonas  de fines del siglo XIX. Estas construcciones de estilo neorenacentista y neobarroco que pertenecían a las familias más ilustres de Rosario, hoy son ocupadas por entidades y comercios.

Como tantos otros lugares en la ciudad, ha sido diseñado teniendo en cuenta hasta el más mínimo detalle. Por ejemplo, me contaba Elisa que el boulevard tiene una doble hilera de árboles, que deben ser pares de la misma especie.

Por otro lado, si alguna edificación antigua ha sido derribada años atrás (cuando no se le daba mucha importancia a la conservación del patrimonio), justo enfrente se ubican carteles donde se pueden ver fotografías de la época y un breve review.

A la altura de los Tribunales donde se juzgan a los genocidas de la época de la dictadura, se ha ubbicado un asiento de hierro forjado donde uno puede sentarse (bastante incómodo, pero estoy seguro que esa es la idea) y pasar las pesadas páginas de metal oxidado donde hay cartas, fotos y recuerdos de los desaparecidos durante ese período de terror. Es realmente impactante.

3-      Costa del Río Paraná.

Este río, cuyo nombre significa “pariente del mar” en lengua guaraní, nace en el Estado brasileño de São Paulo y desemboca en el Río de la Plata. Desde el Parque Urquiza hasta el puente Rosario-Victoria, no tiene desperdicio.

A lo largo de la costanera se van sucediendo diferentes espacios públicos, como esta gran explanada para skaters al lado de Parque España.

Cerca, hay unos silos que fueron  pintados de llamativos colores y convertidos en el Museo de Arte Contemporáneo (MACRo). Un dato que me llamó la atención: la pintura exterior tiene carácter de obra efímera, ya que cada tres años se llamará a concurso nacional para renovarla.

Al lado del museo se encuentra un túnel, dónde la juventud rosarina suele organizar fiestas que deben ser muy divertidas!

A metros del Monumento a la Bandera hay un gran parque, donde anualmente se celebra la Fiesta Nacional de Colectividades: diez días de música, danzas, costumbres, artesanías y gastronomía de diferentes rincones del mundo.

Un poco más hacia el norte está La Florida, una zona de balnearios, clubes, bares y restaurantes. A lo largo de una barranca que acompaña a la avenida se ven suntuosas casas y mansiones. Otro sector, nada opulento pero muy pintoresco, es donde hay tienditas de venta de pescado con los ejemplares recien traídos del río.

4-      Parques y Plazas.

La ciudad tiene gran cantidad de áreas verdes, cada una con su atmósfera y dinámica particular.

Por ejemplo, el Parque de la Independencia se llena de grupos de amigos y familias los fines de semana, que se sientan a tomar mate sobre el pasto o alquilan un botecito para dar una vuelta por el lago. Entre vendedores de copos de nieve y otros dulces, llamas y ponys para que los chicos se saquen fotos o actores que improvisan alguna obra de teatro callejero, es imposible aburrirse.

5-      La compañía de Elisa.

El lenguaje en ocasiones deja en evidencia sus límites para poder definir algo en forma precisa. Haré el intento: Elisa es una mujer realmente fuera de serie. Alegre, simpática, hospitalaria, compañera, culta,  apasionada, emprendedora. ¡Gracias por todo! :D

Rosario siempre estuvo cerca, cantaba Fito Paez. Ahora, mucho más que antes :)

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