No te voy a decir que siempre fui un apasionado de Buenos Aires, ya que sería sólo una postura conveniente. De hecho, gran parte de mi vida no le presté mayor atención. Nací y crecí acá, así que todo lo daba por sentado. Lo cotidiano no me despertaba nada en particular.

Pero, pasados mis 25 años fue cuando empecé a verla de otra forma. Quizás por mirar hacia atrás con cierta carga emotiva todo lo que me habia rodeado desde pequeño. Quizás por haber comenzado mi carrera en turismo, lo que hizo que observe la ciudad “con ojos foráneos”.  Quizás por habersela presentado a varios amigos que venían a conocer la ciudad y me encontré describiéndola con orgullo.

Es una ciudad seductora, misteriosa, excesiva, melancólica, sobria. Culta, emotiva, burocrática, ecléctica, pícara. También es coqueta, apasionada, creativa y pintoresca. Es antagónica, pionera, desordenada, irónica, proactiva y contestataria. Pero sobre todo, orgullosa de lo que es. Y a los 29 años, entiendo que así la quiero. Quizás porque después de todo, tenemos varias cosas en común.

La idea de esta sección es entonces escribir sobre mi ciudad, pero sin caer en clichés. No pienso escribir sobre Gardel, Maradona, Evita o el asado. No me simpatizan demasiado los estereotipos, las trampas para turistas, los lugares comunes.  Vamos con algo menos trillado. Rincones, lugares curiosos, espacios conocidos pero desde otro abordaje.

Si no sos de Buenos Aires, vas a conocerla desde una perspectiva distinta.

Si sos porteño: vamos a redescubrirla, a retirar el velo de lo cotidiano,  a prestar más atención a los pequeños detalles. Después de todo, son lo que valen la pena.

Volvamos a los sentidos y establezcamos contacto inmediato con lo que, en todos y cada uno de los instantes, se halle presente [...]. Tal vez entonces nos demos cuenta de que siempre está ocurriendo algo muy especial, es decir, que la vida siempre está desplegándose, instante tras instante (Jon Kabat-Zinn).

(Gracias Chris por las fotos …  ¡ ya sabes que me encantan ! :) )